en clave de jazz

En Clave de Jazz
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Bill Evans

 

Edición Nº 34

Bill Evans, At the Montreux Jazz Festival

Verve.

Bill Evans, piano; Eddie Gómez, contrabajo; Jack DeJohnette, batería.

Sin duda alguna Bill Evans saltó a la fama mundial por haber colaborado con Miles Davis y, sobre todo, por haber participado en lo que para muchos es el mejor disco de jazz de la historia: Kind of Blue. No es de extrañar que fuera el único blanco que participó en el disco y que su concepto musical fuera clave para el sonido que Davis estaba buscando. Pero esa es otra historia.

De no haber aparecido en Kind of Blue ¿hubiera logrado la fama y el éxito que luego tuvo? Sin duda alguna. Evans es un pianista clave en el desarrollo del jazz. ¿Qué hubieran hecho Keith Jarrett o Esbjörn Svensson de no ser por él? Todos ellos pertenecen a ese grupo de pianistas de jazz muy influidos por la música clásica.

Bill Evans está totalmente asociado al trío de jazz, formación con la que desarrolló su música, grabando discos que ya forman parte de la leyenda del jazz, como los directos de 1961 en el Village Vanguard. De entre todas las formaciones de sus tríos destaca la que formaba con Scott Lafaro y Paul Motian.

Pero hoy traemos otra de las mejores grabaciones de Evans y la única que tiene a Jack DeJohnette a la batería. Grabado en el Festival de Montreaux, el LP recibió en su día un premio Grammy al mejor álbum instrumental de jazz.

Es una grabación especial por el hecho de que puede que sea el disco de Evans más enérgico, para lo que la colaboración de DeJohnette fue clave, ya que es un baterista muy diferente a los que solían formar el trío. (Aunque hay que recordar que Philly Joe Jones fue otro baterista que también dio un toque enérgico al trío). En aquellos momentos DeJohnette venía del cuarteto de Charles Lloyd, con un jovencísimo Keith Jarrett en una de sus primeras grabaciones. Escuchemos Someday My Prince Will Come y veremos una fuerza nada usual en las grabaciones de Evans. O el tema final Walkin’ Up.

Por otra parte Eddie Gómez es el encargado del bajo, destacando su labor en Embraceable You, en realidad una canción que es un solo de bajo, en momentos acompañado por batería y piano. Hay ocasiones en que su forma de tocar recuerda a la de una guitarra. ¡Atención a los cambios de tempo y de tono!

En cuanto a Evans, ya todo está dicho: pianista clave en el jazz, estamos ante una de sus grabaciones con más fuerza, pero también con momentos tranquilos que se reservan para los temas en que está solo al piano: Quiet Now y I Loves You Porgy. El disco se grabó el 15 de junio en el Festival de Jazz de Montreux. Eran otros tiempos en los que los festivales de jazz ofrecían jazz. Pero como dice Lou Reed en su magnífica Sweet Jane: Those were the different times.

Ángel González Rodríguez


Bill Evans

 

Edición Nº 33

Bill Evans, At the Montreux Jazz Festival

Verve.

Bill Evans, piano; Eddie Gómez, contrabajo; Jack DeJohnette, batería.

Sin duda alguna Bill Evans saltó a la fama mundial por haber colaborado con Miles Davis y, sobre todo, por haber participado en lo que para muchos es el mejor disco de jazz de la historia: Kind of Blue. No es de extrañar que fuera el único blanco que participó en el disco y que su concepto musical fuera clave para el sonido que Davis estaba buscando. Pero esa es otra historia.

De no haber aparecido en Kind of Blue ¿hubiera logrado la fama y el éxito que luego tuvo? Sin duda alguna. Evans es un pianista clave en el desarrollo del jazz. ¿Qué hubieran hecho Keith Jarrett o Esbjörn Svensson de no ser por él? Todos ellos pertenecen a ese grupo de pianistas de jazz muy influidos por la música clásica.

Bill Evans está totalmente asociado al trío de jazz, formación con la que desarrolló su música, grabando discos que ya forman parte de la leyenda del jazz, como los directos de 1961 en el Village Vanguard. De entre todas las formaciones de sus tríos destaca la que formaba con Scott Lafaro y Paul Motian.

Pero hoy traemos otra de las mejores grabaciones de Evans y la única que tiene a Jack DeJohnette a la batería. Grabado en el Festival de Montreaux, el LP recibió en su día un premio Grammy al mejor álbum instrumental de jazz.

Es una grabación especial por el hecho de que puede que sea el disco de Evans más enérgico, para lo que la colaboración de DeJohnette fue clave, ya que es un baterista muy diferente a los que solían formar el trío. (Aunque hay que recordar que Philly Joe Jones fue otro baterista que también dio un toque enérgico al trío). En aquellos momentos DeJohnette venía del cuarteto de Charles Lloyd, con un jovencísimo Keith Jarrett en una de sus primeras grabaciones. Escuchemos Someday My Prince Will Come y veremos una fuerza nada usual en las grabaciones de Evans. O el tema final Walkin’ Up.

Por otra parte Eddie Gómez es el encargado del bajo, destacando su labor en Embraceable You, en realidad una canción que es un solo de bajo, en momentos acompañado por batería y piano. Hay ocasiones en que su forma de tocar recuerda a la de una guitarra. ¡Atención a los cambios de tempo y de tono!

En cuanto a Evans, ya todo está dicho: pianista clave en el jazz, estamos ante una de sus grabaciones con más fuerza, pero también con momentos tranquilos que se reservan para los temas en que está solo al piano: Quiet Now y I Loves You Porgy. El disco se grabó el 15 de junio en el Festival de Jazz de Montreux. Eran otros tiempos en los que los festivales de jazz ofrecían jazz. Pero como dice Lou Reed en su magnífica Sweet Jane: Those were the different times.

Ángel González Rodríguez


Bill Evans

 

Edición Nº 32

Bill Evans, At the Montreux Jazz Festival

Verve.

Bill Evans, piano; Eddie Gómez, contrabajo; Jack DeJohnette, batería.

Sin duda alguna Bill Evans saltó a la fama mundial por haber colaborado con Miles Davis y, sobre todo, por haber participado en lo que para muchos es el mejor disco de jazz de la historia: Kind of Blue. No es de extrañar que fuera el único blanco que participó en el disco y que su concepto musical fuera clave para el sonido que Davis estaba buscando. Pero esa es otra historia.

De no haber aparecido en Kind of Blue ¿hubiera logrado la fama y el éxito que luego tuvo? Sin duda alguna. Evans es un pianista clave en el desarrollo del jazz. ¿Qué hubieran hecho Keith Jarrett o Esbjörn Svensson de no ser por él? Todos ellos pertenecen a ese grupo de pianistas de jazz muy influidos por la música clásica.

Bill Evans está totalmente asociado al trío de jazz, formación con la que desarrolló su música, grabando discos que ya forman parte de la leyenda del jazz, como los directos de 1961 en el Village Vanguard. De entre todas las formaciones de sus tríos destaca la que formaba con Scott Lafaro y Paul Motian.

Pero hoy traemos otra de las mejores grabaciones de Evans y la única que tiene a Jack DeJohnette a la batería. Grabado en el Festival de Montreaux, el LP recibió en su día un premio Grammy al mejor álbum instrumental de jazz.

Es una grabación especial por el hecho de que puede que sea el disco de Evans más enérgico, para lo que la colaboración de DeJohnette fue clave, ya que es un baterista muy diferente a los que solían formar el trío. (Aunque hay que recordar que Philly Joe Jones fue otro baterista que también dio un toque enérgico al trío). En aquellos momentos DeJohnette venía del cuarteto de Charles Lloyd, con un jovencísimo Keith Jarrett en una de sus primeras grabaciones. Escuchemos Someday My Prince Will Come y veremos una fuerza nada usual en las grabaciones de Evans. O el tema final Walkin’ Up.

Por otra parte Eddie Gómez es el encargado del bajo, destacando su labor en Embraceable You, en realidad una canción que es un solo de bajo, en momentos acompañado por batería y piano. Hay ocasiones en que su forma de tocar recuerda a la de una guitarra. ¡Atención a los cambios de tempo y de tono!

En cuanto a Evans, ya todo está dicho: pianista clave en el jazz, estamos ante una de sus grabaciones con más fuerza, pero también con momentos tranquilos que se reservan para los temas en que está solo al piano: Quiet Now y I Loves You Porgy. El disco se grabó el 15 de junio en el Festival de Jazz de Montreux. Eran otros tiempos en los que los festivales de jazz ofrecían jazz. Pero como dice Lou Reed en su magnífica Sweet Jane: Those were the different times.

Ángel González Rodríguez


Coleman Hawkins

 

Edición Nº 17

The Hawk Relaxes

Prestige / Moodsville

Coleman Hawkins: (Saxo tenor). Kenny Burrell: (Guitarra). Ronnell Bright: (Piano). Ron Carter: (Bajo). Andrew Cyrille: (Batería).
Grabado el 28 de Febrero de 1961 en el Englewood Cliffs, Nueva Jersey. I’ll never be the same – When day is done – Under a blanket of blue – More than you know – Moonglow – Just a gigolo – Speak low.
Coleman Randolph Hawkins, saxo eterno, prodigio y padre del saxo tenor, pionero del solo. Podía ser avasallador, o indeciblemente cálido. Su formidable dominio del saxo causa estragos aún hoy. Su estilo se basa en una titánica gama de matices, unido a una inusitada sonoridad y firmeza en su sonido, gran fortaleza en los temas rápidos y un prodigioso lirismo en las baladas, raramente logrado por otros saxofonistas. Imposible no conmoverse ante una balada suya, y junto con Ben Webster, Lester Young y Phil Woods, es el mejor baladista del jazz. Coleman, (“Bean” o “Hawk”), nace en Saint Joseph, Missouri, el 21-11-1904. Empieza a tocar el piano con 5 años, el violonchelo con 7 y el saxo tenor con 9. El belga Adolphe Sax lo inventó por 1840, y se destinó a bandas militares. El jazz, generoso, asume casi cada instrumento, del saxo al peine envuelto en seda o la tabla para lavar, y empieza a usarlo en 1914. Cuando lo empuña Coleman, su papel está relegado a orquestas de baile, y a un uso muy trivial. Antes que él, Sidney Bechet o Frankie Trumbauer, grandes saxos, marcan hitos en su inclusión en el jazz, pero hacía falta un elegido para que tome un papel no sólo solista, sino vital.... Coleman. 1919. Se traslada a Chicago, uno de las cunas del jazz. 1920. Trabaja como músico en Kansas. 1921. Acompaña a una grande del blues, Mamie Smith, y sus Jazz Hounds, a Nueva York. Con ella graba su primer LP, a los 22 años. 1923. Entra en la orquesta de Fletcher Henderson. Coleman, muy cotizado, tiene dos grandes armas: su enorme maestría al saxo y su pericia para leer partituras, algo raro entonces. El grupo es su gran escuela, y desarrolla su arsenal (también toca el clarinete y los saxos “melódico en do” y bajo). Septiembre, 1924. Entra Louis Armstrong, y su aporte es brutal. Su infernal swing influye tanto al grupo, que obliga a Coleman a incorporarlo a su estilo, aún primario, de mucho volumen, pero demasiado lineal. Pule su método, y más seguro, coloca solos más sólidos y complejos, gana en fuerza y viveza. Louis se va, y Coleman será el gran solista, logra la fama y, con veintipocos años, influye enormemente a muchos músicos, y convierte al saxo tenor en instrumento de moda. Toca con Fletcher hasta 1934, o solo, o con grupos como los Mound City Blue Blowers (1929) ó los Chocolate Dandies (1931) con otro gran saxo, Benny Carter. 1934. Ya maestro indudable del jazz, quiere volar solo, como un halcón. Deja a Henderson y recorre Europa con gran éxito salvo Alemania (los nazis le impiden entrar al ser negro) con el grupo del músico inglés Jack Hylton. Y graba Lp’s, alguno flojo (difícil estar a su altura), pero también con músicos fabulosos del jazz europeo (Django Reinhardt o Stéphane Grapelli), y con Benny Carter, que también dejó Norteamérica. 1939. Vuelve. Hay un cambio. Varios grandes saxofonistas (muchos, alumnos suyos: Byas, Tate, Berry, Jacquet), y sobre todo 2 genios como él omnipotentes al saxo, Ben Webster y Lester Young, le disputan su reinado. Pero Europa le sentó bien: su sonido es más sofisticado y rico en matices, más complejo y seguro, y ama el cuerpo a cuerpo: contraataca con un tema mítico clave del jazz, con el que logra una maravillosa plenitud, su tema bandera, reto para todo saxo: Body and soul, joya refulgente, obra maestra inapelable que evocar eternamente, y crea su propia big band, que deja en 1941.
Febrero de 1944. Graba The many faces of jazz, Vol. 52, con Dizzy Gillespie, quizá el primer LP del bebop. Y toca y graba con más jóvenes boppers: Parker, Roach, Monk, Navarro o Davis. 1946. Entra en el JATP y vuelve a Europa. 1947. Aporta su tercer gran tema a la historia del saxo con The man i love y Body and soul: Picasso, prueba de fuerza, puro saxo, el primer solo de tenor sin más músicos. Con él, corona, quizá, la cima de su instrumento. Los 50, actividad frenética: Graba muchos LP’s, giras por Europa y América, quinteto memorable con Roy Eldridge, se une a Illinois Jacquet, y vuelta a Europa. En los 60 logra su gran sueño: Graba con 3 músicos a los que admira enormemente: Ellington, Webster y Rollins, y lega 3 obras de gran belleza y magnitud. Y muchas giras, muchos Lps. 1961. En su cúlmen, graba un LP memorable. Banda de lujo, sonido definitivo y temas que son alta poesía y romanticismo: The hawk relaxes.
El grupo es muy joven (el mayor tiene 29 años) pero fabuloso: Poco que decir del futuro mítico guitarrista Kenny Burrell (que tocó en varios LP’s de Coleman) y del bajo, Ron Carter. Ronnell Bright es un talentoso pianista y compositor. Ha grabado 4 LP’s en solitario, y muchos con Carmen McRae, Shirley Scott, Buddy Tate, Sarah Vaughan o Quincy Jones. Y Cyrille, buen batería, especialmente suave con las escobillas.
Lo inicia I’ll never be the same, amado por tantos saxos (recordad la bellísima versión de Stan Getz en el ya comentado The Peacoks). Su lectura es serena, de gran fuerza expresiva. Y comienza... contenido. Pero su belleza se adueña de los músicos gradualmente, y a mitad irrumpe la increíble guitarra de Kenny que, igual que Coleman, acaricia las notas, muy brevemente. Ronnell demuestra porqué está allí. Coleman, siempre magnífico, también lo es escogiendo sus músicos. Ronnell, joven pero con gran sabiduría en sus dedos, toca mucho, y muy bien.
When day is done es, quizá, aún más bello. Coleman y Kenny, solos. Y se bastan. Kenny sigue a Coleman y éste se apoya en él, y la pieza es tan bella que, sola, justifica comprar el LP. Under a blanket of blue, bellíííísima balada entre las baladas, muestra que el LP, aún no planteado así, es un cara a cara entre Kenny y Coleman, que toca algunos de sus mejores solos. Kenny no calla ante los ataques del maestro, cuyo discurso es cada vez más bello e intimista... más tenue, y se torna íntimo y lentísimo, casi un estertor dulcísimo, y destaca el piano, denso y hermoso. More than you know, perfecta entrada de Kenny, maestro absoluto, el piano, tan libre... de pronto irrumpe el majestuoso saxo y comprendes qué es la belleza. Su discurso es tranquilo, relajado, su timbre desafiante, de gran claridad y fuerza expositiva, y te acomodas y relajas tú también, el tema lo pide. Moonglow, casi un tiempo medio. Coleman acelera su saxo y comienza él sólo, haciendo lo que hace mejor que nadie, exprimir el tema hasta el final, y Ronnell toma su lugar, y cada vez me gusta más.
Kenny improvisa un largo solo cargado de hermosura. Su guitarra dibuja bellísimos sonidos, y Coleman ofrece una última y acertadísima cascada de solos. Just a gigolo. Pero...¿No era rápida?. Coleman ofrece una versión l e n t a, de belleza especial, su saxo nos lleva a un club de jazz, poca gente, atenta, paladeando los solos. Y entra Kenny. ¡Cómo toca!. Es puro algodón y terciopelo, y vuelve Coleman y notas el perfecto equilibrio del grupo, y aplaudes la labor de Ron. Sientes oir las notas finales de Kenny y Ronnell, pues el LP acaba. Y antes, Speak low, tiempo medio casi rápido, pegadizo, de gran fuerza expositiva, protagonizado por Coleman. Y aún oirás a Kenny. Coleman interrumpe su discurso y entra él, y acelera el suyo, y también Ronnell. Y vuelve Coleman, que guarda un largo solo relevante por su fuerza, volumen y sobriedad contenida. El LP acaba, y sabes que has vivido un momento único.
Elegante y sofisticado, distinguido, dueño de una sonoridad devastadora, Coleman logró lo imposible: sustituir la trompeta, símbolo del jazz, por el saxo. Y es que, tras él, éste nunca será igual. Con Coleman, el saxo logró la plenitud, convirtiéndose en pilar fundamental del jazz. Fue el primer saxo tenor trascendental, y durante su largo reinado, careció casi de rivales, pocos le igualan en grandeza. Un consejo: atrévete con él, su hechizo te fascinará, te causará una profundísima emoción, una sensación única, inolvidable.... y si no lo conoces, me encantaría descubrírtelo
Antonio Borrero Sánchez
jazznoend.com/hawkrelaxes.html


Coleman Hawkins

 

Edición Nº 18

The Hawk Relaxes

Prestige / Moodsville

Coleman Hawkins: (Saxo tenor). Kenny Burrell: (Guitarra). Ronnell Bright: (Piano). Ron Carter: (Bajo). Andrew Cyrille: (Batería).
Grabado el 28 de Febrero de 1961 en el Englewood Cliffs, Nueva Jersey. I’ll never be the same – When day is done – Under a blanket of blue – More than you know – Moonglow – Just a gigolo – Speak low.
Coleman Randolph Hawkins, saxo eterno, prodigio y padre del saxo tenor, pionero del solo. Podía ser avasallador, o indeciblemente cálido. Su formidable dominio del saxo causa estragos aún hoy. Su estilo se basa en una titánica gama de matices, unido a una inusitada sonoridad y firmeza en su sonido, gran fortaleza en los temas rápidos y un prodigioso lirismo en las baladas, raramente logrado por otros saxofonistas. Imposible no conmoverse ante una balada suya, y junto con Ben Webster, Lester Young y Phil Woods, es el mejor baladista del jazz. Coleman, (“Bean” o “Hawk”), nace en Saint Joseph, Missouri, el 21-11-1904. Empieza a tocar el piano con 5 años, el violonchelo con 7 y el saxo tenor con 9. El belga Adolphe Sax lo inventó por 1840, y se destinó a bandas militares. El jazz, generoso, asume casi cada instrumento, del saxo al peine envuelto en seda o la tabla para lavar, y empieza a usarlo en 1914. Cuando lo empuña Coleman, su papel está relegado a orquestas de baile, y a un uso muy trivial. Antes que él, Sidney Bechet o Frankie Trumbauer, grandes saxos, marcan hitos en su inclusión en el jazz, pero hacía falta un elegido para que tome un papel no sólo solista, sino vital.... Coleman. 1919. Se traslada a Chicago, uno de las cunas del jazz. 1920. Trabaja como músico en Kansas. 1921. Acompaña a una grande del blues, Mamie Smith, y sus Jazz Hounds, a Nueva York. Con ella graba su primer LP, a los 22 años. 1923. Entra en la orquesta de Fletcher Henderson. Coleman, muy cotizado, tiene dos grandes armas: su enorme maestría al saxo y su pericia para leer partituras, algo raro entonces. El grupo es su gran escuela, y desarrolla su arsenal (también toca el clarinete y los saxos “melódico en do” y bajo). Septiembre, 1924. Entra Louis Armstrong, y su aporte es brutal. Su infernal swing influye tanto al grupo, que obliga a Coleman a incorporarlo a su estilo, aún primario, de mucho volumen, pero demasiado lineal. Pule su método, y más seguro, coloca solos más sólidos y complejos, gana en fuerza y viveza. Louis se va, y Coleman será el gran solista, logra la fama y, con veintipocos años, influye enormemente a muchos músicos, y convierte al saxo tenor en instrumento de moda. Toca con Fletcher hasta 1934, o solo, o con grupos como los Mound City Blue Blowers (1929) ó los Chocolate Dandies (1931) con otro gran saxo, Benny Carter. 1934. Ya maestro indudable del jazz, quiere volar solo, como un halcón. Deja a Henderson y recorre Europa con gran éxito salvo Alemania (los nazis le impiden entrar al ser negro) con el grupo del músico inglés Jack Hylton. Y graba Lp’s, alguno flojo (difícil estar a su altura), pero también con músicos fabulosos del jazz europeo (Django Reinhardt o Stéphane Grapelli), y con Benny Carter, que también dejó Norteamérica. 1939. Vuelve. Hay un cambio. Varios grandes saxofonistas (muchos, alumnos suyos: Byas, Tate, Berry, Jacquet), y sobre todo 2 genios como él omnipotentes al saxo, Ben Webster y Lester Young, le disputan su reinado. Pero Europa le sentó bien: su sonido es más sofisticado y rico en matices, más complejo y seguro, y ama el cuerpo a cuerpo: contraataca con un tema mítico clave del jazz, con el que logra una maravillosa plenitud, su tema bandera, reto para todo saxo: Body and soul, joya refulgente, obra maestra inapelable que evocar eternamente, y crea su propia big band, que deja en 1941.
Febrero de 1944. Graba The many faces of jazz, Vol. 52, con Dizzy Gillespie, quizá el primer LP del bebop. Y toca y graba con más jóvenes boppers: Parker, Roach, Monk, Navarro o Davis. 1946. Entra en el JATP y vuelve a Europa. 1947. Aporta su tercer gran tema a la historia del saxo con The man i love y Body and soul: Picasso, prueba de fuerza, puro saxo, el primer solo de tenor sin más músicos. Con él, corona, quizá, la cima de su instrumento. Los 50, actividad frenética: Graba muchos LP’s, giras por Europa y América, quinteto memorable con Roy Eldridge, se une a Illinois Jacquet, y vuelta a Europa. En los 60 logra su gran sueño: Graba con 3 músicos a los que admira enormemente: Ellington, Webster y Rollins, y lega 3 obras de gran belleza y magnitud. Y muchas giras, muchos Lps. 1961. En su cúlmen, graba un LP memorable. Banda de lujo, sonido definitivo y temas que son alta poesía y romanticismo: The hawk relaxes.
El grupo es muy joven (el mayor tiene 29 años) pero fabuloso: Poco que decir del futuro mítico guitarrista Kenny Burrell (que tocó en varios LP’s de Coleman) y del bajo, Ron Carter. Ronnell Bright es un talentoso pianista y compositor. Ha grabado 4 LP’s en solitario, y muchos con Carmen McRae, Shirley Scott, Buddy Tate, Sarah Vaughan o Quincy Jones. Y Cyrille, buen batería, especialmente suave con las escobillas.
Lo inicia I’ll never be the same, amado por tantos saxos (recordad la bellísima versión de Stan Getz en el ya comentado The Peacoks). Su lectura es serena, de gran fuerza expresiva. Y comienza... contenido. Pero su belleza se adueña de los músicos gradualmente, y a mitad irrumpe la increíble guitarra de Kenny que, igual que Coleman, acaricia las notas, muy brevemente. Ronnell demuestra porqué está allí. Coleman, siempre magnífico, también lo es escogiendo sus músicos. Ronnell, joven pero con gran sabiduría en sus dedos, toca mucho, y muy bien.
When day is done es, quizá, aún más bello. Coleman y Kenny, solos. Y se bastan. Kenny sigue a Coleman y éste se apoya en él, y la pieza es tan bella que, sola, justifica comprar el LP. Under a blanket of blue, bellíííísima balada entre las baladas, muestra que el LP, aún no planteado así, es un cara a cara entre Kenny y Coleman, que toca algunos de sus mejores solos. Kenny no calla ante los ataques del maestro, cuyo discurso es cada vez más bello e intimista... más tenue, y se torna íntimo y lentísimo, casi un estertor dulcísimo, y destaca el piano, denso y hermoso. More than you know, perfecta entrada de Kenny, maestro absoluto, el piano, tan libre... de pronto irrumpe el majestuoso saxo y comprendes qué es la belleza. Su discurso es tranquilo, relajado, su timbre desafiante, de gran claridad y fuerza expositiva, y te acomodas y relajas tú también, el tema lo pide. Moonglow, casi un tiempo medio. Coleman acelera su saxo y comienza él sólo, haciendo lo que hace mejor que nadie, exprimir el tema hasta el final, y Ronnell toma su lugar, y cada vez me gusta más.
Kenny improvisa un largo solo cargado de hermosura. Su guitarra dibuja bellísimos sonidos, y Coleman ofrece una última y acertadísima cascada de solos. Just a gigolo. Pero...¿No era rápida?. Coleman ofrece una versión l e n t a, de belleza especial, su saxo nos lleva a un club de jazz, poca gente, atenta, paladeando los solos. Y entra Kenny. ¡Cómo toca!. Es puro algodón y terciopelo, y vuelve Coleman y notas el perfecto equilibrio del grupo, y aplaudes la labor de Ron. Sientes oir las notas finales de Kenny y Ronnell, pues el LP acaba. Y antes, Speak low, tiempo medio casi rápido, pegadizo, de gran fuerza expositiva, protagonizado por Coleman. Y aún oirás a Kenny. Coleman interrumpe su discurso y entra él, y acelera el suyo, y también Ronnell. Y vuelve Coleman, que guarda un largo solo relevante por su fuerza, volumen y sobriedad contenida. El LP acaba, y sabes que has vivido un momento único.
Elegante y sofisticado, distinguido, dueño de una sonoridad devastadora, Coleman logró lo imposible: sustituir la trompeta, símbolo del jazz, por el saxo. Y es que, tras él, éste nunca será igual. Con Coleman, el saxo logró la plenitud, convirtiéndose en pilar fundamental del jazz. Fue el primer saxo tenor trascendental, y durante su largo reinado, careció casi de rivales, pocos le igualan en grandeza. Un consejo: atrévete con él, su hechizo te fascinará, te causará una profundísima emoción, una sensación única, inolvidable.... y si no lo conoces, me encantaría descubrírtelo
Antonio Borrero Sánchez
jazznoend.com/hawkrelaxes.html


Coleman Hawkins

 

Edición Nº 19

The Hawk Relaxes

Prestige / Moodsville

Coleman Hawkins: (Saxo tenor). Kenny Burrell: (Guitarra). Ronnell Bright: (Piano). Ron Carter: (Bajo). Andrew Cyrille: (Batería).
Grabado el 28 de Febrero de 1961 en el Englewood Cliffs, Nueva Jersey. I’ll never be the same – When day is done – Under a blanket of blue – More than you know – Moonglow – Just a gigolo – Speak low.
Coleman Randolph Hawkins, saxo eterno, prodigio y padre del saxo tenor, pionero del solo. Podía ser avasallador, o indeciblemente cálido. Su formidable dominio del saxo causa estragos aún hoy. Su estilo se basa en una titánica gama de matices, unido a una inusitada sonoridad y firmeza en su sonido, gran fortaleza en los temas rápidos y un prodigioso lirismo en las baladas, raramente logrado por otros saxofonistas. Imposible no conmoverse ante una balada suya, y junto con Ben Webster, Lester Young y Phil Woods, es el mejor baladista del jazz. Coleman, (“Bean” o “Hawk”), nace en Saint Joseph, Missouri, el 21-11-1904. Empieza a tocar el piano con 5 años, el violonchelo con 7 y el saxo tenor con 9. El belga Adolphe Sax lo inventó por 1840, y se destinó a bandas militares. El jazz, generoso, asume casi cada instrumento, del saxo al peine envuelto en seda o la tabla para lavar, y empieza a usarlo en 1914. Cuando lo empuña Coleman, su papel está relegado a orquestas de baile, y a un uso muy trivial. Antes que él, Sidney Bechet o Frankie Trumbauer, grandes saxos, marcan hitos en su inclusión en el jazz, pero hacía falta un elegido para que tome un papel no sólo solista, sino vital.... Coleman. 1919. Se traslada a Chicago, uno de las cunas del jazz. 1920. Trabaja como músico en Kansas. 1921. Acompaña a una grande del blues, Mamie Smith, y sus Jazz Hounds, a Nueva York. Con ella graba su primer LP, a los 22 años. 1923. Entra en la orquesta de Fletcher Henderson. Coleman, muy cotizado, tiene dos grandes armas: su enorme maestría al saxo y su pericia para leer partituras, algo raro entonces. El grupo es su gran escuela, y desarrolla su arsenal (también toca el clarinete y los saxos “melódico en do” y bajo). Septiembre, 1924. Entra Louis Armstrong, y su aporte es brutal. Su infernal swing influye tanto al grupo, que obliga a Coleman a incorporarlo a su estilo, aún primario, de mucho volumen, pero demasiado lineal. Pule su método, y más seguro, coloca solos más sólidos y complejos, gana en fuerza y viveza. Louis se va, y Coleman será el gran solista, logra la fama y, con veintipocos años, influye enormemente a muchos músicos, y convierte al saxo tenor en instrumento de moda. Toca con Fletcher hasta 1934, o solo, o con grupos como los Mound City Blue Blowers (1929) ó los Chocolate Dandies (1931) con otro gran saxo, Benny Carter. 1934. Ya maestro indudable del jazz, quiere volar solo, como un halcón. Deja a Henderson y recorre Europa con gran éxito salvo Alemania (los nazis le impiden entrar al ser negro) con el grupo del músico inglés Jack Hylton. Y graba Lp’s, alguno flojo (difícil estar a su altura), pero también con músicos fabulosos del jazz europeo (Django Reinhardt o Stéphane Grapelli), y con Benny Carter, que también dejó Norteamérica. 1939. Vuelve. Hay un cambio. Varios grandes saxofonistas (muchos, alumnos suyos: Byas, Tate, Berry, Jacquet), y sobre todo 2 genios como él omnipotentes al saxo, Ben Webster y Lester Young, le disputan su reinado. Pero Europa le sentó bien: su sonido es más sofisticado y rico en matices, más complejo y seguro, y ama el cuerpo a cuerpo: contraataca con un tema mítico clave del jazz, con el que logra una maravillosa plenitud, su tema bandera, reto para todo saxo: Body and soul, joya refulgente, obra maestra inapelable que evocar eternamente, y crea su propia big band, que deja en 1941.
Febrero de 1944. Graba The many faces of jazz, Vol. 52, con Dizzy Gillespie, quizá el primer LP del bebop. Y toca y graba con más jóvenes boppers: Parker, Roach, Monk, Navarro o Davis. 1946. Entra en el JATP y vuelve a Europa. 1947. Aporta su tercer gran tema a la historia del saxo con The man i love y Body and soul: Picasso, prueba de fuerza, puro saxo, el primer solo de tenor sin más músicos. Con él, corona, quizá, la cima de su instrumento. Los 50, actividad frenética: Graba muchos LP’s, giras por Europa y América, quinteto memorable con Roy Eldridge, se une a Illinois Jacquet, y vuelta a Europa. En los 60 logra su gran sueño: Graba con 3 músicos a los que admira enormemente: Ellington, Webster y Rollins, y lega 3 obras de gran belleza y magnitud. Y muchas giras, muchos Lps. 1961. En su cúlmen, graba un LP memorable. Banda de lujo, sonido definitivo y temas que son alta poesía y romanticismo: The hawk relaxes.
El grupo es muy joven (el mayor tiene 29 años) pero fabuloso: Poco que decir del futuro mítico guitarrista Kenny Burrell (que tocó en varios LP’s de Coleman) y del bajo, Ron Carter. Ronnell Bright es un talentoso pianista y compositor. Ha grabado 4 LP’s en solitario, y muchos con Carmen McRae, Shirley Scott, Buddy Tate, Sarah Vaughan o Quincy Jones. Y Cyrille, buen batería, especialmente suave con las escobillas.
Lo inicia I’ll never be the same, amado por tantos saxos (recordad la bellísima versión de Stan Getz en el ya comentado The Peacoks). Su lectura es serena, de gran fuerza expresiva. Y comienza... contenido. Pero su belleza se adueña de los músicos gradualmente, y a mitad irrumpe la increíble guitarra de Kenny que, igual que Coleman, acaricia las notas, muy brevemente. Ronnell demuestra porqué está allí. Coleman, siempre magnífico, también lo es escogiendo sus músicos. Ronnell, joven pero con gran sabiduría en sus dedos, toca mucho, y muy bien.
When day is done es, quizá, aún más bello. Coleman y Kenny, solos. Y se bastan. Kenny sigue a Coleman y éste se apoya en él, y la pieza es tan bella que, sola, justifica comprar el LP. Under a blanket of blue, bellíííísima balada entre las baladas, muestra que el LP, aún no planteado así, es un cara a cara entre Kenny y Coleman, que toca algunos de sus mejores solos. Kenny no calla ante los ataques del maestro, cuyo discurso es cada vez más bello e intimista... más tenue, y se torna íntimo y lentísimo, casi un estertor dulcísimo, y destaca el piano, denso y hermoso. More than you know, perfecta entrada de Kenny, maestro absoluto, el piano, tan libre... de pronto irrumpe el majestuoso saxo y comprendes qué es la belleza. Su discurso es tranquilo, relajado, su timbre desafiante, de gran claridad y fuerza expositiva, y te acomodas y relajas tú también, el tema lo pide. Moonglow, casi un tiempo medio. Coleman acelera su saxo y comienza él sólo, haciendo lo que hace mejor que nadie, exprimir el tema hasta el final, y Ronnell toma su lugar, y cada vez me gusta más.
Kenny improvisa un largo solo cargado de hermosura. Su guitarra dibuja bellísimos sonidos, y Coleman ofrece una última y acertadísima cascada de solos. Just a gigolo. Pero...¿No era rápida?. Coleman ofrece una versión l e n t a, de belleza especial, su saxo nos lleva a un club de jazz, poca gente, atenta, paladeando los solos. Y entra Kenny. ¡Cómo toca!. Es puro algodón y terciopelo, y vuelve Coleman y notas el perfecto equilibrio del grupo, y aplaudes la labor de Ron. Sientes oir las notas finales de Kenny y Ronnell, pues el LP acaba. Y antes, Speak low, tiempo medio casi rápido, pegadizo, de gran fuerza expositiva, protagonizado por Coleman. Y aún oirás a Kenny. Coleman interrumpe su discurso y entra él, y acelera el suyo, y también Ronnell. Y vuelve Coleman, que guarda un largo solo relevante por su fuerza, volumen y sobriedad contenida. El LP acaba, y sabes que has vivido un momento único.
Elegante y sofisticado, distinguido, dueño de una sonoridad devastadora, Coleman logró lo imposible: sustituir la trompeta, símbolo del jazz, por el saxo. Y es que, tras él, éste nunca será igual. Con Coleman, el saxo logró la plenitud, convirtiéndose en pilar fundamental del jazz. Fue el primer saxo tenor trascendental, y durante su largo reinado, careció casi de rivales, pocos le igualan en grandeza. Un consejo: atrévete con él, su hechizo te fascinará, te causará una profundísima emoción, una sensación única, inolvidable.... y si no lo conoces, me encantaría descubrírtelo
Antonio Borrero Sánchez
jazznoend.com/hawkrelaxes.html


Coleman Hawkins

 

Edición Nº 20

The Hawk Relaxes

Prestige / Moodsville

Coleman Hawkins: (Saxo tenor). Kenny Burrell: (Guitarra). Ronnell Bright: (Piano). Ron Carter: (Bajo). Andrew Cyrille: (Batería).
Grabado el 28 de Febrero de 1961 en el Englewood Cliffs, Nueva Jersey. I’ll never be the same – When day is done – Under a blanket of blue – More than you know – Moonglow – Just a gigolo – Speak low.
Coleman Randolph Hawkins, saxo eterno, prodigio y padre del saxo tenor, pionero del solo. Podía ser avasallador, o indeciblemente cálido. Su formidable dominio del saxo causa estragos aún hoy. Su estilo se basa en una titánica gama de matices, unido a una inusitada sonoridad y firmeza en su sonido, gran fortaleza en los temas rápidos y un prodigioso lirismo en las baladas, raramente logrado por otros saxofonistas. Imposible no conmoverse ante una balada suya, y junto con Ben Webster, Lester Young y Phil Woods, es el mejor baladista del jazz. Coleman, (“Bean” o “Hawk”), nace en Saint Joseph, Missouri, el 21-11-1904. Empieza a tocar el piano con 5 años, el violonchelo con 7 y el saxo tenor con 9. El belga Adolphe Sax lo inventó por 1840, y se destinó a bandas militares. El jazz, generoso, asume casi cada instrumento, del saxo al peine envuelto en seda o la tabla para lavar, y empieza a usarlo en 1914. Cuando lo empuña Coleman, su papel está relegado a orquestas de baile, y a un uso muy trivial. Antes que él, Sidney Bechet o Frankie Trumbauer, grandes saxos, marcan hitos en su inclusión en el jazz, pero hacía falta un elegido para que tome un papel no sólo solista, sino vital.... Coleman. 1919. Se traslada a Chicago, uno de las cunas del jazz. 1920. Trabaja como músico en Kansas. 1921. Acompaña a una grande del blues, Mamie Smith, y sus Jazz Hounds, a Nueva York. Con ella graba su primer LP, a los 22 años. 1923. Entra en la orquesta de Fletcher Henderson. Coleman, muy cotizado, tiene dos grandes armas: su enorme maestría al saxo y su pericia para leer partituras, algo raro entonces. El grupo es su gran escuela, y desarrolla su arsenal (también toca el clarinete y los saxos “melódico en do” y bajo). Septiembre, 1924. Entra Louis Armstrong, y su aporte es brutal. Su infernal swing influye tanto al grupo, que obliga a Coleman a incorporarlo a su estilo, aún primario, de mucho volumen, pero demasiado lineal. Pule su método, y más seguro, coloca solos más sólidos y complejos, gana en fuerza y viveza. Louis se va, y Coleman será el gran solista, logra la fama y, con veintipocos años, influye enormemente a muchos músicos, y convierte al saxo tenor en instrumento de moda. Toca con Fletcher hasta 1934, o solo, o con grupos como los Mound City Blue Blowers (1929) ó los Chocolate Dandies (1931) con otro gran saxo, Benny Carter. 1934. Ya maestro indudable del jazz, quiere volar solo, como un halcón. Deja a Henderson y recorre Europa con gran éxito salvo Alemania (los nazis le impiden entrar al ser negro) con el grupo del músico inglés Jack Hylton. Y graba Lp’s, alguno flojo (difícil estar a su altura), pero también con músicos fabulosos del jazz europeo (Django Reinhardt o Stéphane Grapelli), y con Benny Carter, que también dejó Norteamérica. 1939. Vuelve. Hay un cambio. Varios grandes saxofonistas (muchos, alumnos suyos: Byas, Tate, Berry, Jacquet), y sobre todo 2 genios como él omnipotentes al saxo, Ben Webster y Lester Young, le disputan su reinado. Pero Europa le sentó bien: su sonido es más sofisticado y rico en matices, más complejo y seguro, y ama el cuerpo a cuerpo: contraataca con un tema mítico clave del jazz, con el que logra una maravillosa plenitud, su tema bandera, reto para todo saxo: Body and soul, joya refulgente, obra maestra inapelable que evocar eternamente, y crea su propia big band, que deja en 1941.
Febrero de 1944. Graba The many faces of jazz, Vol. 52, con Dizzy Gillespie, quizá el primer LP del bebop. Y toca y graba con más jóvenes boppers: Parker, Roach, Monk, Navarro o Davis. 1946. Entra en el JATP y vuelve a Europa. 1947. Aporta su tercer gran tema a la historia del saxo con The man i love y Body and soul: Picasso, prueba de fuerza, puro saxo, el primer solo de tenor sin más músicos. Con él, corona, quizá, la cima de su instrumento. Los 50, actividad frenética: Graba muchos LP’s, giras por Europa y América, quinteto memorable con Roy Eldridge, se une a Illinois Jacquet, y vuelta a Europa. En los 60 logra su gran sueño: Graba con 3 músicos a los que admira enormemente: Ellington, Webster y Rollins, y lega 3 obras de gran belleza y magnitud. Y muchas giras, muchos Lps. 1961. En su cúlmen, graba un LP memorable. Banda de lujo, sonido definitivo y temas que son alta poesía y romanticismo: The hawk relaxes.
El grupo es muy joven (el mayor tiene 29 años) pero fabuloso: Poco que decir del futuro mítico guitarrista Kenny Burrell (que tocó en varios LP’s de Coleman) y del bajo, Ron Carter. Ronnell Bright es un talentoso pianista y compositor. Ha grabado 4 LP’s en solitario, y muchos con Carmen McRae, Shirley Scott, Buddy Tate, Sarah Vaughan o Quincy Jones. Y Cyrille, buen batería, especialmente suave con las escobillas.
Lo inicia I’ll never be the same, amado por tantos saxos (recordad la bellísima versión de Stan Getz en el ya comentado The Peacoks). Su lectura es serena, de gran fuerza expresiva. Y comienza... contenido. Pero su belleza se adueña de los músicos gradualmente, y a mitad irrumpe la increíble guitarra de Kenny que, igual que Coleman, acaricia las notas, muy brevemente. Ronnell demuestra porqué está allí. Coleman, siempre magnífico, también lo es escogiendo sus músicos. Ronnell, joven pero con gran sabiduría en sus dedos, toca mucho, y muy bien.
When day is done es, quizá, aún más bello. Coleman y Kenny, solos. Y se bastan. Kenny sigue a Coleman y éste se apoya en él, y la pieza es tan bella que, sola, justifica comprar el LP. Under a blanket of blue, bellíííísima balada entre las baladas, muestra que el LP, aún no planteado así, es un cara a cara entre Kenny y Coleman, que toca algunos de sus mejores solos. Kenny no calla ante los ataques del maestro, cuyo discurso es cada vez más bello e intimista... más tenue, y se torna íntimo y lentísimo, casi un estertor dulcísimo, y destaca el piano, denso y hermoso. More than you know, perfecta entrada de Kenny, maestro absoluto, el piano, tan libre... de pronto irrumpe el majestuoso saxo y comprendes qué es la belleza. Su discurso es tranquilo, relajado, su timbre desafiante, de gran claridad y fuerza expositiva, y te acomodas y relajas tú también, el tema lo pide. Moonglow, casi un tiempo medio. Coleman acelera su saxo y comienza él sólo, haciendo lo que hace mejor que nadie, exprimir el tema hasta el final, y Ronnell toma su lugar, y cada vez me gusta más.
Kenny improvisa un largo solo cargado de hermosura. Su guitarra dibuja bellísimos sonidos, y Coleman ofrece una última y acertadísima cascada de solos. Just a gigolo. Pero...¿No era rápida?. Coleman ofrece una versión l e n t a, de belleza especial, su saxo nos lleva a un club de jazz, poca gente, atenta, paladeando los solos. Y entra Kenny. ¡Cómo toca!. Es puro algodón y terciopelo, y vuelve Coleman y notas el perfecto equilibrio del grupo, y aplaudes la labor de Ron. Sientes oir las notas finales de Kenny y Ronnell, pues el LP acaba. Y antes, Speak low, tiempo medio casi rápido, pegadizo, de gran fuerza expositiva, protagonizado por Coleman. Y aún oirás a Kenny. Coleman interrumpe su discurso y entra él, y acelera el suyo, y también Ronnell. Y vuelve Coleman, que guarda un largo solo relevante por su fuerza, volumen y sobriedad contenida. El LP acaba, y sabes que has vivido un momento único.
Elegante y sofisticado, distinguido, dueño de una sonoridad devastadora, Coleman logró lo imposible: sustituir la trompeta, símbolo del jazz, por el saxo. Y es que, tras él, éste nunca será igual. Con Coleman, el saxo logró la plenitud, convirtiéndose en pilar fundamental del jazz. Fue el primer saxo tenor trascendental, y durante su largo reinado, careció casi de rivales, pocos le igualan en grandeza. Un consejo: atrévete con él, su hechizo te fascinará, te causará una profundísima emoción, una sensación única, inolvidable.... y si no lo conoces, me encantaría descubrírtelo
Antonio Borrero Sánchez
jazznoend.com/hawkrelaxes.html


Coleman Hawkins

 

Edición Nº 21

The Hawk Relaxes

Prestige / Moodsville

Coleman Hawkins: (Saxo tenor). Kenny Burrell: (Guitarra). Ronnell Bright: (Piano). Ron Carter: (Bajo). Andrew Cyrille: (Batería).
Grabado el 28 de Febrero de 1961 en el Englewood Cliffs, Nueva Jersey. I’ll never be the same – When day is done – Under a blanket of blue – More than you know – Moonglow – Just a gigolo – Speak low.
Coleman Randolph Hawkins, saxo eterno, prodigio y padre del saxo tenor, pionero del solo. Podía ser avasallador, o indeciblemente cálido. Su formidable dominio del saxo causa estragos aún hoy. Su estilo se basa en una titánica gama de matices, unido a una inusitada sonoridad y firmeza en su sonido, gran fortaleza en los temas rápidos y un prodigioso lirismo en las baladas, raramente logrado por otros saxofonistas. Imposible no conmoverse ante una balada suya, y junto con Ben Webster, Lester Young y Phil Woods, es el mejor baladista del jazz. Coleman, (“Bean” o “Hawk”), nace en Saint Joseph, Missouri, el 21-11-1904. Empieza a tocar el piano con 5 años, el violonchelo con 7 y el saxo tenor con 9. El belga Adolphe Sax lo inventó por 1840, y se destinó a bandas militares. El jazz, generoso, asume casi cada instrumento, del saxo al peine envuelto en seda o la tabla para lavar, y empieza a usarlo en 1914. Cuando lo empuña Coleman, su papel está relegado a orquestas de baile, y a un uso muy trivial. Antes que él, Sidney Bechet o Frankie Trumbauer, grandes saxos, marcan hitos en su inclusión en el jazz, pero hacía falta un elegido para que tome un papel no sólo solista, sino vital.... Coleman. 1919. Se traslada a Chicago, uno de las cunas del jazz. 1920. Trabaja como músico en Kansas. 1921. Acompaña a una grande del blues, Mamie Smith, y sus Jazz Hounds, a Nueva York. Con ella graba su primer LP, a los 22 años. 1923. Entra en la orquesta de Fletcher Henderson. Coleman, muy cotizado, tiene dos grandes armas: su enorme maestría al saxo y su pericia para leer partituras, algo raro entonces. El grupo es su gran escuela, y desarrolla su arsenal (también toca el clarinete y los saxos “melódico en do” y bajo). Septiembre, 1924. Entra Louis Armstrong, y su aporte es brutal. Su infernal swing influye tanto al grupo, que obliga a Coleman a incorporarlo a su estilo, aún primario, de mucho volumen, pero demasiado lineal. Pule su método, y más seguro, coloca solos más sólidos y complejos, gana en fuerza y viveza. Louis se va, y Coleman será el gran solista, logra la fama y, con veintipocos años, influye enormemente a muchos músicos, y convierte al saxo tenor en instrumento de moda. Toca con Fletcher hasta 1934, o solo, o con grupos como los Mound City Blue Blowers (1929) ó los Chocolate Dandies (1931) con otro gran saxo, Benny Carter. 1934. Ya maestro indudable del jazz, quiere volar solo, como un halcón. Deja a Henderson y recorre Europa con gran éxito salvo Alemania (los nazis le impiden entrar al ser negro) con el grupo del músico inglés Jack Hylton. Y graba Lp’s, alguno flojo (difícil estar a su altura), pero también con músicos fabulosos del jazz europeo (Django Reinhardt o Stéphane Grapelli), y con Benny Carter, que también dejó Norteamérica. 1939. Vuelve. Hay un cambio. Varios grandes saxofonistas (muchos, alumnos suyos: Byas, Tate, Berry, Jacquet), y sobre todo 2 genios como él omnipotentes al saxo, Ben Webster y Lester Young, le disputan su reinado. Pero Europa le sentó bien: su sonido es más sofisticado y rico en matices, más complejo y seguro, y ama el cuerpo a cuerpo: contraataca con un tema mítico clave del jazz, con el que logra una maravillosa plenitud, su tema bandera, reto para todo saxo: Body and soul, joya refulgente, obra maestra inapelable que evocar eternamente, y crea su propia big band, que deja en 1941.
Febrero de 1944. Graba The many faces of jazz, Vol. 52, con Dizzy Gillespie, quizá el primer LP del bebop. Y toca y graba con más jóvenes boppers: Parker, Roach, Monk, Navarro o Davis. 1946. Entra en el JATP y vuelve a Europa. 1947. Aporta su tercer gran tema a la historia del saxo con The man i love y Body and soul: Picasso, prueba de fuerza, puro saxo, el primer solo de tenor sin más músicos. Con él, corona, quizá, la cima de su instrumento. Los 50, actividad frenética: Graba muchos LP’s, giras por Europa y América, quinteto memorable con Roy Eldridge, se une a Illinois Jacquet, y vuelta a Europa. En los 60 logra su gran sueño: Graba con 3 músicos a los que admira enormemente: Ellington, Webster y Rollins, y lega 3 obras de gran belleza y magnitud. Y muchas giras, muchos Lps. 1961. En su cúlmen, graba un LP memorable. Banda de lujo, sonido definitivo y temas que son alta poesía y romanticismo: The hawk relaxes.
El grupo es muy joven (el mayor tiene 29 años) pero fabuloso: Poco que decir del futuro mítico guitarrista Kenny Burrell (que tocó en varios LP’s de Coleman) y del bajo, Ron Carter. Ronnell Bright es un talentoso pianista y compositor. Ha grabado 4 LP’s en solitario, y muchos con Carmen McRae, Shirley Scott, Buddy Tate, Sarah Vaughan o Quincy Jones. Y Cyrille, buen batería, especialmente suave con las escobillas.
Lo inicia I’ll never be the same, amado por tantos saxos (recordad la bellísima versión de Stan Getz en el ya comentado The Peacoks). Su lectura es serena, de gran fuerza expresiva. Y comienza... contenido. Pero su belleza se adueña de los músicos gradualmente, y a mitad irrumpe la increíble guitarra de Kenny que, igual que Coleman, acaricia las notas, muy brevemente. Ronnell demuestra porqué está allí. Coleman, siempre magnífico, también lo es escogiendo sus músicos. Ronnell, joven pero con gran sabiduría en sus dedos, toca mucho, y muy bien.
When day is done es, quizá, aún más bello. Coleman y Kenny, solos. Y se bastan. Kenny sigue a Coleman y éste se apoya en él, y la pieza es tan bella que, sola, justifica comprar el LP. Under a blanket of blue, bellíííísima balada entre las baladas, muestra que el LP, aún no planteado así, es un cara a cara entre Kenny y Coleman, que toca algunos de sus mejores solos. Kenny no calla ante los ataques del maestro, cuyo discurso es cada vez más bello e intimista... más tenue, y se torna íntimo y lentísimo, casi un estertor dulcísimo, y destaca el piano, denso y hermoso. More than you know, perfecta entrada de Kenny, maestro absoluto, el piano, tan libre... de pronto irrumpe el majestuoso saxo y comprendes qué es la belleza. Su discurso es tranquilo, relajado, su timbre desafiante, de gran claridad y fuerza expositiva, y te acomodas y relajas tú también, el tema lo pide. Moonglow, casi un tiempo medio. Coleman acelera su saxo y comienza él sólo, haciendo lo que hace mejor que nadie, exprimir el tema hasta el final, y Ronnell toma su lugar, y cada vez me gusta más.
Kenny improvisa un largo solo cargado de hermosura. Su guitarra dibuja bellísimos sonidos, y Coleman ofrece una última y acertadísima cascada de solos. Just a gigolo. Pero...¿No era rápida?. Coleman ofrece una versión l e n t a, de belleza especial, su saxo nos lleva a un club de jazz, poca gente, atenta, paladeando los solos. Y entra Kenny. ¡Cómo toca!. Es puro algodón y terciopelo, y vuelve Coleman y notas el perfecto equilibrio del grupo, y aplaudes la labor de Ron. Sientes oir las notas finales de Kenny y Ronnell, pues el LP acaba. Y antes, Speak low, tiempo medio casi rápido, pegadizo, de gran fuerza expositiva, protagonizado por Coleman. Y aún oirás a Kenny. Coleman interrumpe su discurso y entra él, y acelera el suyo, y también Ronnell. Y vuelve Coleman, que guarda un largo solo relevante por su fuerza, volumen y sobriedad contenida. El LP acaba, y sabes que has vivido un momento único.
Elegante y sofisticado, distinguido, dueño de una sonoridad devastadora, Coleman logró lo imposible: sustituir la trompeta, símbolo del jazz, por el saxo. Y es que, tras él, éste nunca será igual. Con Coleman, el saxo logró la plenitud, convirtiéndose en pilar fundamental del jazz. Fue el primer saxo tenor trascendental, y durante su largo reinado, careció casi de rivales, pocos le igualan en grandeza. Un consejo: atrévete con él, su hechizo te fascinará, te causará una profundísima emoción, una sensación única, inolvidable.... y si no lo conoces, me encantaría descubrírtelo
Antonio Borrero Sánchez
jazznoend.com/hawkrelaxes.html


Dave Brubeck

 

Edición Nº 14

Time Out

(1959)

Blue Rondo A la Turk 6:44
Strange Meadow Lurk 7:22
Take Five 5:26
Three To Get Ready 5:24
Kathy's Waltz 4:48
Everybody's Jumpin' 4:23
Pick Up Sticks 4:16

Tras la Segunda Guerra Mundial se da a conocer mundialmente la música de jazz, especialmente, a través de los soldados norteamericanos esparcidos por gran parte del globo. Sin embargo y a pesar de que su difusión no deja de ser efectiva, no logra llegar a la gran masa. Será un joven pianista de origen judío quien dará al jazz la universalidad necesaria para arraigarse en los oídos de los melómanos del siglo XX: Dave Brubeck, el principal responsable de una pieza fundamental en la historia de esta música.
La primera vez que supe de un tal Dave Brubeck fue a fines de los años ochenta al leer “El Mapa de Ámsterdam”. Una historia verídica de amor gay, ambientada en el Concepción de los años anteriores al golpe militar, del escritor penquista Enrique Giordano. En ella, los protagonistas tenían como punto de reunión el desaparecido restaurante Nuria y escuchaban discos de Brubeck hasta altas horas de la noche.
Años después, gracias a mi amistad con el hijo de un anticuario, conseguí una versión bastante a mal traer de la edición chilena del disco “Time Out” del Dave Brubeck Quartet. En principio, me llamó mucho la atención la carátula, una sugerente y colorida pintura modernista. Tras una primera escucha, mis oídos y cerebro se dejaron llevar fácilmente por esta música envolvente y asombrosa que me transportaba instintivamente a los años cincuenta y la explosión beat. Y curiosamente, luego de un rato, me percaté de que varias de las canciones me eran en extremo familiares. En efecto, Brubeck es uno de los primeros músicos de jazz cuyas canciones ingresan raudamente en el campo de la música popular y, en consecuencia, en el subconsciente de nuestras generaciones. Puede que no sepamos su nombre pero su música está ahí dentro.
Nacido en California en 1920, Dave (David Warren) Brubeck -toda una leyenda del jazz- se ha distinguido igualmente tanto como intérprete del piano (instrumento que heredó de su madre, una experimentada concertista y maestra), así como compositor. Su trabajo incluye ballets, oratorios, misas, musicales de Broadway, cantatas, trabajos para combo de jazz y orquesta y muchas piezas para piano.
Después de participar en la Segunda Guerra Mundial, al mando del general George Patton, retomó su trabajo como músico y fundó el Jazz Workshop Ensemble, que en 1949 pasaría a ser el Dave Brubeck Octet, agrupación que se iría depurando y afiatando en un periodo de dos años, para finalmente convertirse en el Dave Brubeck Quartet, donde el pianista fue secundado por el elegante y talentoso saxo alto, Paul Desmond, el espectacular baterista Joe Morello y el solidísimo bajista Eugene Wright. Con este formato -y formando parte del erróneamente llamado “Cool Jazz de la Costa Oeste”- Brubeck y compañía lograrán sus mayores éxitos, llegando a convertirse en una de las bandas de jazz más populares y vendedoras de todos los tiempos. Compartió, entonces, escenarios con músicos tan connotados como Tony Bennett, Carmen McRae, Jimmy Rushing, Gerry Mulligan, Louis Armstrong y la Filarmónica de New York dirigida por Leonard Bernstein. Fue también con esta alineación (que durará hasta 1967) con la que Dave Brubeck editó el que es considerado hasta ahora su trabajo más importante y el disco inmortal que comentaré en esta ocasión: “Time Out”, publicado por el sello Capitol Records en 1959.
Según los entendidos, antes de la publicación de “Time Out”, la mayoría de las canciones de jazz seguían más o menos el mismo concepto y presentaban los mismos sonidos. Brubeck logró cruzar esta frontera al dar al cool jazz una sensibilidad muy distinta a la estilada hasta entonces por los principales exponentes del género (entre ellos, el trompetista Miles Davis). Su principal aporte se debe a su actitud experimental, dada, fundamentalmente, por el uso de armaduras de compases de tiempos no tradicionales y por un refinamiento del sonido que intenta un acercamiento a la música clásica y orquestada.
Esto puede apreciarse de forma notable en “Blue Rondo A la Turk” (cuyo título está inspirado en la “Marcha Turca” de Mozart), la reconocible canción que da inicio a “Time Out” con un complejísimo compás de 9/8 marcado por el piano de Brubeck, y la posterior entrada en contrapunto del contrabajo y el saxo alto. A medida que se desarrolla la canción se alternan los solos de Brubeck y Desmond, a la vez que se presentan algunos quiebres rítmicos y saltos de piano. Hay que destacar la fineza aportada por Joe Morello al acentuar las extraordinarias armonías con una batería interpretada sutilmente con plumillas (o escobillas).
En la misma línea se halla “Take Five” que, junto a “Blue Rondo a la Turk”, es editada como single y sobrepasa el millón de copias vendidas, todo un récord para una canción de jazz. Con un compás de 5/4 (de ahí su nombre) es introducida suavemente por las plumillas de Morello y el piano de Brubeck, los que luego dan paso al saxo alto de Desmond como instrumento que lleva la melodía eje. Luego de algunos minutos de canción se entra a un quiebre donde se mantiene la figura principal del piano, seguida de una sección donde la batería se convierte en una protagonista que juega y se desliza con gran agudeza hasta retomar el tema principal. La intensa “Pick Up Sticks”, escrita en un compás de 6/4 constituye otro experimento rítmico con el cual se cierra el disco.
Ahora bien, “Time Out” no sólo es experimentación rítmica ya que también contiene canciones más clásicas y suaves como “Strange Meadow Lurk”, donde Brubeck se explaya solitariamente durante más de dos minutos luciendo todo su talento interpretativo y llegando a narrar una historia a través del piano: uno de los pasajes más sublimes del disco. La placa nos presenta además una canción orquestada de manera, por cierto, bastante cinematográfica: “Kathy's Waltz”, que se aparta completamente del formato de cuarteto de jazz.
De algún modo, Brubeck universaliza el jazz, liberándolo de su etiqueta de “música de vanguardia” y de los cerrados círculos de expertos e intelectuales. Esta intención de “popularizar el arte” se ve plasmada también en varias de sus carátulas encargadas a connotados pintores contemporáneos, como Neil Fujita, (“Time Out”), Joan Miró (“Time Further Out”), Franz Kline (“Time in Outer Space”), o Sam Francis (“Time Change”).
Por acercar esta música a los comunes mortales, por ampliar sus horizontes, pero, sobre todo, por hacerlo de manera brillante y artística, “Time Out” es un disco inmortal que debemos escuchar en todo momento como una lección magistral. Indispensable.
Mauricio Melo
Tomado de: audiomusica.com


Dave Brubeck

 

Edición Nº 15

Time Out

(1959)

Blue Rondo A la Turk 6:44
Strange Meadow Lurk 7:22
Take Five 5:26
Three To Get Ready 5:24
Kathy's Waltz 4:48
Everybody's Jumpin' 4:23
Pick Up Sticks 4:16

Tras la Segunda Guerra Mundial se da a conocer mundialmente la música de jazz, especialmente, a través de los soldados norteamericanos esparcidos por gran parte del globo. Sin embargo y a pesar de que su difusión no deja de ser efectiva, no logra llegar a la gran masa. Será un joven pianista de origen judío quien dará al jazz la universalidad necesaria para arraigarse en los oídos de los melómanos del siglo XX: Dave Brubeck, el principal responsable de una pieza fundamental en la historia de esta música.
La primera vez que supe de un tal Dave Brubeck fue a fines de los años ochenta al leer “El Mapa de Ámsterdam”. Una historia verídica de amor gay, ambientada en el Concepción de los años anteriores al golpe militar, del escritor penquista Enrique Giordano. En ella, los protagonistas tenían como punto de reunión el desaparecido restaurante Nuria y escuchaban discos de Brubeck hasta altas horas de la noche.
Años después, gracias a mi amistad con el hijo de un anticuario, conseguí una versión bastante a mal traer de la edición chilena del disco “Time Out” del Dave Brubeck Quartet. En principio, me llamó mucho la atención la carátula, una sugerente y colorida pintura modernista. Tras una primera escucha, mis oídos y cerebro se dejaron llevar fácilmente por esta música envolvente y asombrosa que me transportaba instintivamente a los años cincuenta y la explosión beat. Y curiosamente, luego de un rato, me percaté de que varias de las canciones me eran en extremo familiares. En efecto, Brubeck es uno de los primeros músicos de jazz cuyas canciones ingresan raudamente en el campo de la música popular y, en consecuencia, en el subconsciente de nuestras generaciones. Puede que no sepamos su nombre pero su música está ahí dentro.
Nacido en California en 1920, Dave (David Warren) Brubeck -toda una leyenda del jazz- se ha distinguido igualmente tanto como intérprete del piano (instrumento que heredó de su madre, una experimentada concertista y maestra), así como compositor. Su trabajo incluye ballets, oratorios, misas, musicales de Broadway, cantatas, trabajos para combo de jazz y orquesta y muchas piezas para piano.
Después de participar en la Segunda Guerra Mundial, al mando del general George Patton, retomó su trabajo como músico y fundó el Jazz Workshop Ensemble, que en 1949 pasaría a ser el Dave Brubeck Octet, agrupación que se iría depurando y afiatando en un periodo de dos años, para finalmente convertirse en el Dave Brubeck Quartet, donde el pianista fue secundado por el elegante y talentoso saxo alto, Paul Desmond, el espectacular baterista Joe Morello y el solidísimo bajista Eugene Wright. Con este formato -y formando parte del erróneamente llamado “Cool Jazz de la Costa Oeste”- Brubeck y compañía lograrán sus mayores éxitos, llegando a convertirse en una de las bandas de jazz más populares y vendedoras de todos los tiempos. Compartió, entonces, escenarios con músicos tan connotados como Tony Bennett, Carmen McRae, Jimmy Rushing, Gerry Mulligan, Louis Armstrong y la Filarmónica de New York dirigida por Leonard Bernstein. Fue también con esta alineación (que durará hasta 1967) con la que Dave Brubeck editó el que es considerado hasta ahora su trabajo más importante y el disco inmortal que comentaré en esta ocasión: “Time Out”, publicado por el sello Capitol Records en 1959.
Según los entendidos, antes de la publicación de “Time Out”, la mayoría de las canciones de jazz seguían más o menos el mismo concepto y presentaban los mismos sonidos. Brubeck logró cruzar esta frontera al dar al cool jazz una sensibilidad muy distinta a la estilada hasta entonces por los principales exponentes del género (entre ellos, el trompetista Miles Davis). Su principal aporte se debe a su actitud experimental, dada, fundamentalmente, por el uso de armaduras de compases de tiempos no tradicionales y por un refinamiento del sonido que intenta un acercamiento a la música clásica y orquestada.
Esto puede apreciarse de forma notable en “Blue Rondo A la Turk” (cuyo título está inspirado en la “Marcha Turca” de Mozart), la reconocible canción que da inicio a “Time Out” con un complejísimo compás de 9/8 marcado por el piano de Brubeck, y la posterior entrada en contrapunto del contrabajo y el saxo alto. A medida que se desarrolla la canción se alternan los solos de Brubeck y Desmond, a la vez que se presentan algunos quiebres rítmicos y saltos de piano. Hay que destacar la fineza aportada por Joe Morello al acentuar las extraordinarias armonías con una batería interpretada sutilmente con plumillas (o escobillas).
En la misma línea se halla “Take Five” que, junto a “Blue Rondo a la Turk”, es editada como single y sobrepasa el millón de copias vendidas, todo un récord para una canción de jazz. Con un compás de 5/4 (de ahí su nombre) es introducida suavemente por las plumillas de Morello y el piano de Brubeck, los que luego dan paso al saxo alto de Desmond como instrumento que lleva la melodía eje. Luego de algunos minutos de canción se entra a un quiebre donde se mantiene la figura principal del piano, seguida de una sección donde la batería se convierte en una protagonista que juega y se desliza con gran agudeza hasta retomar el tema principal. La intensa “Pick Up Sticks”, escrita en un compás de 6/4 constituye otro experimento rítmico con el cual se cierra el disco.
Ahora bien, “Time Out” no sólo es experimentación rítmica ya que también contiene canciones más clásicas y suaves como “Strange Meadow Lurk”, donde Brubeck se explaya solitariamente durante más de dos minutos luciendo todo su talento interpretativo y llegando a narrar una historia a través del piano: uno de los pasajes más sublimes del disco. La placa nos presenta además una canción orquestada de manera, por cierto, bastante cinematográfica: “Kathy's Waltz”, que se aparta completamente del formato de cuarteto de jazz.
De algún modo, Brubeck universaliza el jazz, liberándolo de su etiqueta de “música de vanguardia” y de los cerrados círculos de expertos e intelectuales. Esta intención de “popularizar el arte” se ve plasmada también en varias de sus carátulas encargadas a connotados pintores contemporáneos, como Neil Fujita, (“Time Out”), Joan Miró (“Time Further Out”), Franz Kline (“Time in Outer Space”), o Sam Francis (“Time Change”).
Por acercar esta música a los comunes mortales, por ampliar sus horizontes, pero, sobre todo, por hacerlo de manera brillante y artística, “Time Out” es un disco inmortal que debemos escuchar en todo momento como una lección magistral. Indispensable.
Mauricio Melo
Tomado de: audiomusica.com


 

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24/7/2008
 

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